Desde mediados de la temporada 1997/1998 hasta la finalización de la 2000/2001, esto es, durante algo más de tres años, trabajé en la radio. Me divertí en la radio, debería decir en realidad. No era mi ocupación principal. Estaba empleado en una fábrica de guitarras, de hecho. Pero durante todo ese tiempo presenté, y a lo largo de una temporada también dirigí (aunque no tuviera ni idea de lo significaba eso en aquel momento), un programa diario de actualidad deportiva de una hora de duración (“Esports de Élite”, se llamaba) en una emisora de ámbito comarcal (Radio Élite, de ahí el nombre del programa). Lo hice junto, y gracias a, uno de mis mejores amigos, que, a finales de 1997, con el apoyo de su familia, se había lanzado a emprender en el mundo de la comunicación. Y no le ha ido nada mal pues la emisora creció, se asentó y se mantiene como un referente entre los medios de la zona.

A ambos nos apasionaba la radio deportiva. Él se estaba formando en la materia y yo tenía la espina clavada de haber tenido que dejar, precipitadamente, los estudios de Comunicación Audiovisual. No partíamos de cero, por tanto, pero, aun así, cuando ahora echo la vista atrás, me preguntó cómo éramos capaces de dedicar una hora diaria de radio a la actualidad deportiva de una comarca del interior de Alicante. Pero lo hacíamos y, de hecho, “Esports de Élite” se convirtió en el programa estrella de la parrilla de programación. Todos los anunciantes querían sus cuñas en aquella suerte de, salvando las enormes distancias, “Larguero” de regional. Lo cierto es que aquel programa bebía mucho del estilo desenfadado y próximo al oyente del primer José Ramón de la Morena, el que hablaba de deporte con el tono en que lo hacen unos amigos en una terraza tomando unas cervezas, pero con rigor y objetividad.

Siguiendo con el paralelismo, la sintonía que escogimos, “El Taqui-Taqui” de la banda dominicana Ilegales, se convirtió también en uno de los éxitos de la emisora. Algunos oyentes llegaban a pedirla en los clásicos programas de dedicatorias musicales de la época. Su letra era ya una declaración de intenciones sobre lo que le esperaba al oyente de “Esports de Élite”:

El que no vino a bailar,

el que no vino a gozar,

que se vaya parando

porque todo el que esta aquí vino a rumbear,

porque todo el que esta aquí vino a rumbear…

«El Taqui-Taqui» de Ilegales, sintonía de «Esports de Élite»

En definitiva, como decía al principio, eso era lo que buscábamos, divertirnos y divertir a los oyentes. Éramos jóvenes, inconscientes y sin ningún tipo de atadura, lo que nos permitía intentar cualquier cosa que se nos ocurría sin temor a negativas o a posibles consecuencias. Las anécdotas que ello provocó son numerosas. Tal vez pueda ir contando algunas de ellas en futuras entradas.

Pero además del programa diario, semanalmente retransmitíamos los partidos del Muro C.F., que en la temporada 1997/1998 había conseguido su primer ascenso a la Regional Preferente valenciana. Cuando no coincidía en día y hora con el partido del Muro, también cubríamos los que, en la 2ª División B española, jugaba como local en el mítico campo de El Collao el C.D. Alcoyano. Incluso llegábamos a seguir la actualidad del Hércules C.F., en el que destacaba el murero Álex Pascual, visitando de vez en cuando el Rico Pérez de Alicante. Y un día pensamos, ¿por qué no cubrir los partidos del Valencia C.F. para Radio Élite? Y, en la medida de nuestras posibilidades, lo hicimos.

El responsable de prensa del Valencia fue muy amable. Cuando le comentamos que éramos una pequeña emisora comarcal nos explicó que, obviamente, no podríamos conseguir credenciales de prensa para todos los partidos. Solo para aquellos con menos tirón en los que no se alcanzaba el cupo establecido de acreditaciones. Para nosotros era más que suficiente. De hecho, era mucho más de lo que esperábamos. Y en Mestalla que nos plantamos.

La primera vez, si no recuerdo mal, fue la noche del 25 de agosto de 1998 en el partido de vuelta de la final de aquella extraña competición que se inventó la UEFA a mediados de los 90, la Copa Intertoto. El Valencia de Ranieri y de los Cañizares, Björklund, Carboni, Roche, Angloma, Soria, Mendieta, Angulo, Schwarz, Lucarelli e Ilie (once inicial de aquella noche), batía al Austria Salzburgo por 2 goles a 1, lo que sumado al 0-2 de la ida, le hacía proclamarse campeón de aquella edición, consiguiendo así el billete para la Copa de la UEFA e inaugurando la que, durante las siguientes 5 o 6 temporadas, sería la mejor época de la historia del club.

Esa noche llegamos pronto a Mestalla. De hecho, llegamos por la tarde. Nos acompañaba un tercer amigo que con el paso del tiempo ocuparía el puesto que yo dejaría vacante en Radio Élite debido a mis obligaciones profesionales “formales”. No sabíamos bien a dónde y a quién debíamos dirigirnos. Hasta que encontramos la puerta por la que debíamos acceder al campo, pasamos un rato desorientados. Pero a partir de ese momento, como en casa. Nos dieron nuestras credenciales y nos indicaron cual era nuestra cabina. “¿Cabina?” Nuestras caras fueron tan expresivas que la persona que nos atendía nos o tuvo que repetir: “sí, cabina”.

De camino a dicha cabina, pasamos junto a las de otros medios, todas ellas con sus correspondientes equipos técnicos para la emisión en directo. ¿Y nosotros? pues un par micros y grabadoras. Los medios materiales de la emisora eran todavía muy limitados. Los partidos del Muro C.F. como local se retransmitían a través de una rudimentaria unidad móvil de alcance reducido y todas las conexiones en los desplazamientos se realizaban vía móvil. Por otra parte, partidos como el de ese día, estaban totalmente fuera del horario de la programación habitual de la emisora por lo que no había ningún técnico en el estudio que pudiera gestionar las conexiones en directo. Nos conformábamos con conseguir alguna declaración de los protagonistas del encuentro que emitir al día siguiente en el programa. Ahora bien, por no desentonar entre tantos profesionales, y una vez instalados en nuestra cabina, iniciamos nuestra particular narración del encuentro sin importarnos el hecho de que el único oyente fuera nuestro asombrado compañero de viaje.

Acabado el primer partido del Valencia C.F que “cubríamos” para Radio Élite, como decía, nuestro objetivo era conseguir algunas declaraciones, pero no sabíamos ni dónde ni cómo. Así que ideamos un plan básico pero efectivo. Identificamos a algún periodista de uno de los medios “importantes” y lo seguimos. Y así llegamos a la salida de los vestuarios. Desconozco si ya en aquella época existía lo que hoy se conoce como “zona mixta” en la que los jugadores atienden a la prensa. Pero si la había, desde luego no parecía ser aquella. No estoy seguro de donde estábamos, pero en aquella estancia no había mucha prensa. Más bien poca.

Tras esperar un rato, temerosos de que en un momento dado llegara algún responsable de seguridad a pedirnos que nos retiráramos, vimos desfilar a los jugadores austriacos. No conocíamos a ninguno. Del Austria Salzburgo solo teníamos referencias de su entrenador, Hans Krankl, que a finales de los 70 y principios de los 80 había jugado en el F.C. Barcelona consiguiendo un trofeo Pichichi. Pero a él no lo vimos. Y casi sin darnos cuenta empezaron a desfilar los jugadores valencianistas. Emocionados, pudimos hablar con varios de ellos.

En un momento dado tuvimos problemas con una de las grabadoras y mientras, distraídos, tratábamos de solucionarlo, nuestro compañero sujetaba los micrófonos, de tal forma que al pasar Adrian Ilie por delante de él entendió que le estaba pidiendo alguna declaración. Parece que aquella noche la Cobra no tenía demasiadas ganas de hablar y adelantándose a cualquier interpelación que, en cualquier caso no iba a producirse, espetó en dirección al micro un seco “no comment”. Con semblante serio, nuestro involuntario reportero le contestó: “jo tampoc t’he preguntat res…”.

No sé si Ilie entendió aquella frase, pero lo cierto es que sin mediar más palabras se dio la vuelta y se fue. Nosotros, atentos a la salida de otros jugadores, pudimos recoger algunas declaraciones más. Pero fue en el camino de vuelta, en mi viejo Volkswagen Golf II, cuando recordando y comentando la escena con Ilie, nos dimos cuenta de lo gracioso de la misma. Nos reímos de ella durante una larga temporada.

Tras aquella noche, volvimos otras veces a Mestalla. Tampoco fueron demasiadas, pero fuimos adquiriendo confianza. Con Cúper en el banquillo asistimos a alguna rueda de prensa post-partido. Recuerdo la primera, en un partido contra el Celta de Vigo, en la que nos sentamos en la primera fila de butacas junto a la gente de TVE1 y Antena 3. No recuerdo quien de ellos me preguntó de qué medio era, y con orgullo le respondí señalando mi acreditación “Radio Élite, claro”. Su cara, un poema.

Ya no estoy seguro de si fue ese mismo día, o tras acabar otro partido, en un momento dado seguimos a Paco Nadal, de Canal 9, hasta el palco VIP, donde él entró sin problema. Nos miramos y pensamos, “bueno, probemos”. Llamamos a la puerta y nos abrió un guardia de seguridad. Con actitud segura y sin esperar a que el guardia hiciera ninguna pregunta, nos identificamos con nuestra acreditación como hacen los policías en las películas americanas, sin dar tiempo a que nadie vea si lo que muestran es una placa de policía o el carnet de la biblioteca. La cuestión es que el vigilante se apartó y nos permitió la entrada. Y allí nos vimos, como si fuéramos periodistas influyentes de verdad, departiendo amistosamente con los Cortés, Ortí o Subirats, sobre fútbol y sobre el Valencia C.F.

Lamentablemente, me da la impresión de que en la actualidad, ni la prensa, ni el fútbol, ni el Valencia C.F. son ya lo mismo que eran entonces.

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